La chica de la ventana volvió a dejarse ver, esta vez, más
hermosa que cualquiera, más intocable que nunca. Por un momento pareció que le
miraba tras el cristal y él aprovechó la situación para recalcar un boceto de
su sonrisa antes de perderla de nuevo, porque aquellas ganas de escapar que la
precedían la podían transportar muy lejos de él con apenas dos pasos, con dos
palabras y un suspiro; así que sacó el lápiz y se puso a dibujar en la
oscuridad de sus deseos para poder recordarla siempre cómo siempre la quiso
recordar: sonriéndole tras la ventana o arrancándole la soledad.
¿Y qué pasó con el dibujo? Aquel dibujo le hizo soñar.

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