viernes, 27 de enero de 2012

El castigo de una noche más

Algunas noches, cuando el silencio adormecía sus ganas de seguir tirando, podía escuchar el murmullo que dejaba tras de si la pequeña colonia de ratas que patrullaba las cloacas de su soledad. Las escuchaba corretear de un lado para otro en busca de cualquier pedazo de mierda que pudiese ser amarillo y con olor a queso, y sufría hasta el amanecer el repiqueteo de sus escurridizas patas, sudando cada minuto al compás de aquella perversa marcha militar que parecía no tener fin. Pero en otras ocasiones, cuando acechaba la suerte, aquella tortura pasaba inadvertida bajo los desgarrados rugidos de un corazón hambriento.

“Cuando el alma necesita un cuerpo que acariciar”

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