martes, 29 de marzo de 2011

A punta de pistola



Y pasaron sus momentos
de cruces de miradas,
del capricho del azar
con sus juegos de palabras.

Y volaron de la mano
entre secretos y suspiros,
volaron y volaron
directos al delirio.

Mirando a su pasado
sellaron su futuro,
firmando un pacto de amor,
amor del más oscuro.

Perdió su corazón
a punta de pistola,
perdió su corazón
cuando conoció Barcelona.

miércoles, 23 de marzo de 2011

"Sigo siendo el rey..."

El error fue mi orgullo, Ella mi debilidad rota;
las oportunidades no son para jugar
a los cantos rodados del destino,
creyéndote el más hábil de los capullos
sin saber que eres el rey de los idiotas.

lunes, 14 de marzo de 2011

¡Choca esos seis colega!


Un buen día se instaló con la firme idea de no largarse jamás. Sus intenciones eran muy claras: inundarnos con la fantasía de sus ojos, divertirnos con su rutilante sonrisa, deslumbrarnos con su curioso ingenio, encapricharnos con su alegre atención, enfadarnos con sus tenues defectos, sorprendernos con sus magníficas virtudes… enseñarnos a ver el mundo desde su menuda perspectiva.

viernes, 11 de marzo de 2011

Contesta a mi silencio.


Era tan peripatética su actitud que aún persistía en él la absurda idea de que todo aquello había sido un regalo pagado de su bolsillo, que él no era más que el idiota que lo había echado todo a perder. Aún se sumergía en la ignorancia que lo procesaba, buceando entre la esperanza que por aquellos tiempos se paseaba con la silueta de una sanguijuela “rápida y mortal”, sucia y devastadora. Se creía ciegamente capaz de arramplar con todos aquellos papeles llenos de números y “espléndidos” recuerdos, solo para hacerse paso entre un camino más bullicioso de lo que nunca él podría llegar a imaginar. Era un completo idiota, pero desafortunadamente esto era lo único que lo mantenía vivo.

Hubiera pagado por aprender a contar por encima del seis.

viernes, 18 de febrero de 2011

Su chute de desesperación

Se había equivocado al imaginar que nunca volvería, al sobreestimar el poder analgésico de los labios y del tiempo, al escuchar una vez más su canción. De nuevo se encaramó hacia el desván de las falsas esperanzas, pero solo con volver a imaginar sus rasgos ya merecía la pena otra eternidad de martirio.

“Por que el fantasma era ella y la casa embrujada yo mismo”.

jueves, 17 de febrero de 2011

Podría decirte la verdad (29/10/2010)

Podría destaparte todos los apestosos recovecos tras los que se guarecen tus enemigos de alcantarilla e incluso romper en pedazos esa cordial “careta” que enmascara la verdadera realidad de un capullo que nunca se convertirá en mariposa.
Podría ofrecerte su cabeza que no vale más de cinco lentejas, y aún con el corazón inerte sus labios seguirían escupiendo las más venenosas de las mentiras.
Podría engañar a mis amigos como lo han hecho ellos contigo y siempre de diferente manera… pero no seré yo quien te deje solo ante el peligro del recuerdo.
Las amistades pasajeras lo son de un tren que no lleva a ninguna parte.


viernes, 11 de febrero de 2011

Corazón caliente, cabeza fría.

Entre el apretado humo y la sencillez de sus problemas bebían de aquella botella sin dejar aún lado todos aquellos deslices, pero acallándolos  mediante la destreza que se hacía presentir en su manera de ver las cosas. De forma que todo se había convertido en un solaz de estima y camaradería, un juego tan carente de lógica en su esencia que, con apenas unas pizcas de sal y algo más de tiempo, lo había convertido en algo ingénito a la de ellos. Y mientras se agigantaban en su particular oasis de distendidos murmullos, acolchados óbices y deliciosos manjares, comprendieron que muy a su pesar era la botella la que se los bebía a tragos.

Se le venía a la mente las palabras de aquel tipo que decía de la vida un juego de centímetros, donde el segundo antes junto con el segundo después no vale nada. Donde cada centímetro arrancado de nuestro alrededor es el que decide quien gana y quien pierde.

Pero lastimosamente eran aquellas palabras las que no valían nada, por que solo de entre lo más profundo de sus entrañas se arranca cada centímetro. Y era allí, en la oscuridad de sus entes, donde cada segundo contaba, tanto el de antes como el de después, siendo ellos mismos los encargados de decidir entre un fracaso o una victoria, entre lágrimas o canciones. Y lo más bonito de todo es que engullidos aún les quedaban ganas de seguir bebiendo.